A la antigua

Fui criada a la antigua, posiblemente algo parecido a como mi madre fue criada, con algunas modificaciones y muchas restricciones, especialmente de adolescente. Soy la menor de cinco, la sorpresa no esperada después de once años. Tal vez allí nació el motivo, los errores de mis hermanos trataron de corregirlos en mi. Tenía que ser la versión mejorada de cuatro. Sé que hasta ahora lo he pintado muy mal, pero la verdad es que luego le veo sus bondades.

Por supuesto lo odie de adolescente, tenía todo, pero a la vez sentía faltantes. Aquello de, primero el estudio y luego el novio, y cada cosa en su momento, siempre prevaleció. Las fiestas no fueron muchas, pero muy disfrutadas. Cuando llegaron los 18 las restricciones se fueron levantando poco a poco, algunos momentos los viví con retraso y posiblemente, algunos nunca los experimente. Tal vez no tuve tantos tropiezos como los demás porque fueron retrasados y cuando los tuve más tarde, dolieron más. Eso sí, creo que todo ello me llevo a desarrollar mi buen juicio, en un principio por la presión de mis padres, el temor al regaño y las consecuencias. Luego se me dio natural. Los excesos dañinos nunca se me han dado. Aprendí que no se trata de cuantos momentos, si no de la calidad de esos momentos. Mientras los tan envidiados grupos de amigos de exceso de aquella época se disiparon, mis amigos de momentos aún seguimos en el mismo camino, disfrutando igual y mejor que antes.

Al final, he llevado buena vida hasta ahora. He sufrido menos, pero con más intensidad. Los errores, malas decisiones y arrepentimientos de pronto no han sido tantos. Con una disciplina que me ha llevado por el buen camino profesional. Desarrolle mi gusto por placeres más simples en mis momentos de soledad producto de las ausencias de aquel tiempo. A decir no, cuando no me apetece y a mantener el control cuando las cosas no salen como se esperan. Con los años y los pocos daños, a la antigua lo bueno le veo.

Inmarcesibles

Inmarcesible: que no se puede marchitar.

Inmarchitable, como las palabras que aquí compartimos. Es costumbre con el inicio del año hacer retrospectiva de todo lo que nos dio, quitó, lo que aprendimos, lo que hicimos, todo aquello que falto por hacer en el año que acaba de culminar. Sin lugar a dudas, la lista sería interminable con el 2020, los contras definitivamente serán los vencedores. Nos mantuvimos en constantes altibajos, como mencione en mis últimas publicaciones en muchos hasta nuestro rendimiento en el blog se vio afectado, otros sacaron ventaja y lograron hasta invertir más tiempo en este espacio.

Esa retrospectiva, la traje al blog. Resulta que ha sido el año con mayor estadística de lectura, en el 2017 cuando daba inicio decía “aunque una persona se sienta identificada con mis palabras, lo habré logrado y será más que suficiente”. Para mi sorpresa, la acogida del blog fue mejor de lo que llegue a pensar y cada año crece más, me ha regalado amistades, he aprendido, he recibido consejos. Echando para atrás, también puedo decir que mi escritura y el contenido ha cambiado con los años, cuando empecé, lo hice sin tener un norte claro de qué estaba buscando plasmar, aún hoy en día sigue sin estar totalmente claro, pero podría decir que he ido madurado. Nunca estuve clara con el nombre del blog (Told by Lis), siempre en busca de aquella palabra que definiera mi pensamiento sobre las palabras, hasta que finalmente me percaté que siempre estuvo allí, solo lo ignoraba.

Escribir es terapia, es dejar volar la imaginación, es compartir tus secretos, es buscar más allá, es una conexión con el otro. Aún cuando ya no estemos, nuestras palabras permanecerán inmarchitables, alguien las recordará y las hará suyas, perdurando en el tiempo.

Los comienzos siempre son positivos, que mejor que el inicio de un nuevo año.
Ahora Told by Lis es, Inmarcesibles.

Les puedo desear mil cosas

He estado algo perdida los últimos meses, como muchos hemos desahogado en nuestras publicaciones, nos encontramos algo perdidos y las palabras no salen. Dicen que hay que perderse para encontrarse. Aunque a veces ni tan siquiera sabemos exactamente que es lo que buscamos. Definitivamente que este año nos ha pasado la cuenta, y nos hace echar de menos mucho de más. Durante estas festividades se incrementa ese sentimiento, por más que hemos tratado nada ha sido igual.

No tengo que decir todo lo que nos ha robado el año, las personas que hemos perdido, las que pasamos de ver y de seguro, dejamos de conocer otras más.

Pero también tenemos que ser agradecidos, los que afortunadamente no hemos perdido a ningún ser querido. Los que dentro de la adversidad, logramos cumplir alguna meta. Ya llegará el momento de recuperar el tiempo robado con esas personas que echamos de menos, ir a esas lugares a los que no pudimos ir, a gritar a todo pulmón en los conciertos que tanto añoramos y así, todo lo demás que nos hizo falta este año. Tal vez ahora valoremos más esos momentos, momentos de solo estar.

Les puedo desear mil cosas, pero de todas ellas, les deseo salud. Que la luz llegue pronto para seguir escribiendo aventuras y seguir compartiendo aquí.

Lis

Bendito mar

IMG_20201111_235604.jpg

Hoy, al ver la felicidad de una joven que estaba frente al mar por primera vez he recordado una  compañera de la Universidad, en un viaje de campo me contó que había conocido el mar aquí en Panamá, en su país para ver el mar tenía que tomar avión a otra provincia y era costoso. Se sorprendió al llegar y ver que no se requiere mucho esfuerzo para encontrarlo, le impactaba lo desinteresados que eramos por el hecho de vivir rodeados de mar. Supongo que pasamos desapercibido aquello que siempre esta ahí.

Al ver la felicidad de esa joven me percaté de lo afortunada que soy de tener el mar tan cerca, solo 10 minutos en auto y allí esta. Durante los meses de confinamiento era lo que más extrañaba, al primer lugar que fui cuando nos devolvieron la libertad. Desde pequeña posiblemente mis mejores recuerdos son con el mar de testigo. Ya verán ustedes que casi todas mis fotos llevan algo de su azul por allí. Es que soy de ese grupo de personas que puede pasar horas de frente sin hacer completamente nada, si de malas voy, de seguro al salir es otra la que ahí va.

El mar significa verano, significa paz, significa música, es fuente de inspiración. El lugar para celebrar y donde creamos momentos. Ya sea en su calma o en su tempestad, el mar tiene ese poder de liberarnos. Solo basta con sentarnos frente a frente luego de uno de esos días para que todo cambie, es que junto a el es fácil aclarar la mente y soltar las penas. Será su profundidad, su inmensidad o tal vez su fuerza lo que le da ese poder de arrastrar nuestros pensamientos. Solo el mar sabe su misterio que nos envuelve, al que siempre quiero volver.

Como diría León Larregui en su canción…
Bendito mar
Que limpias toda la maldad
Retiras toda la ansiedad
Y alivias los sentidos
Me haces convertirme en paz
Me desinfectas la ciudad
Y se me calma el alma.

En la nada

A pesar de ser el año en que más tiempo hemos tenido por las restricciones, ha sido el año en que más alejada he estado de mis redes sociales y del blog. Ahora que lo pienso, tal vez ha sido un mecanismo inconsciente para no atiborrarme de noticias negativas que son las que más han abundado. Esto no me ha pasado solo a mí, otros compañeros del blog y de redes me han comentado lo mismo, a muchos se les ha hecho muy difícil encontrar la inspiración, han tardado meses para volver a escribir o publicar una nueva entrada, otros aún no lo logran. He tenido días en que hasta darle un pie de foto se me ha hecho imposible, terminando por no publicar nada. Por meses pase de un viernes de copas, a un viernes de estudio, es que algunos buscamos cualquier forma de mantenernos ocupados durante este tiempo. Mientras que para otros, los días de sofá se convirtieron en meses. Definitivamente el año nos ha robado las ganas de mucho, por no decir de todo. Cómo encontrar la inspiración en las calles vacías, con los vuelos en pausas, sin las reuniones con amigos, sin los paseos de playa, sin la música en vivo. Muchos planes quedaron en la nada y allí se fue esa inspiración.

Aunque lo peor es que no tiene cuando acabar, cuando pensamos que estábamos aprendiendo a convivir con la situación, en la “nueva normalidad”, llega el temido rebrote. Lo que mejor queda es tratar de invertir el tiempo en esos proyectos abandonados, aprovechar los detalles a nuestro alrededor, tal vez en alguna esquina o en la nada esta la inspiración que necesitamos.

Asociamos soledad con tristeza

Me encontraba sentada en esa silla que da frente al mar, a la hora en que los parques se empiezan a llenar, en las sillas vecinas un par de madres con sus hijos, un grupo en sesión fotográfica y dando vueltas un señor paseando su perro. Cuando llego a cualquier lugar siempre reparo quienes están a mi alrededor, sobre todo si estoy sola, note que aquel señor reparaba en mi constantemente, hasta que poco a poco se fue acercando. Me pregunto si me molestaba que se sentará en el otro extremo de la silla, con las nuevas medidas, es mejor asegurarse. Ambos teníamos nuestras mascarillas, así que no le vi problemas.

Luego de unos minutos, me pregunta: “Hija, ¿estas bien? ¿te encuentras bien?”. A lo que respondí que sí, el incrédulo continuo hablando, tratando de entender porque una chica estaba sola, en aquella plaza, mirando perdida al mar según él, estaba seguro que algo debía pasarme. Y, no. La verdad no me pasaba nada, solo es el lugar que da al estacionamiento donde dejo el auto mientras trabajo. Hay buena vista, a veces me quedo allí en espera que pase lo peor del tráfico. Me costo convencerlo que realmente me encontraba bien, hasta que con la charla que mantuvimos se percató que su suposición era errónea. De esto pude rescatar que aún existen personas buenas, si realmente hubiera sido alguien en crisis en ese lugar, aquel señor le habría hecho bien.

Estamos acostumbrados a asociar la soledad con tristeza. Nos es extraño ver a alguien solo y pensar que es eso, que no pasa nada y que quiere estar solo. Vemos alguien en un restaurante comiendo solo, y decimos, que pena. En el cine, alguien sin compañía, y decimos, yo no vendría solo al cine. Lo he escuchado a menudo, hasta hace algunos años, yo lo pensaba y no iba a ningún lugar sin compañía. Tal vez era inculcado de familia, mi madre detesta la soledad, eso, y los miedos que te tatúan en la mente. Claro esta, no me voy a dar de valiente, de madrugada, en una zona roja. Pero, después de algún tiempo, aprendí a disfrutar mi soledad, no es que sea una ermitaña, pero si quiero estar sola, lo estoy, si quiero ir sola a algún lugar, voy sola. Estar en soledad no significa siempre que estés deprimido, son momentos necesarios, para descubrirnos a nosotros mismos y descubrir lo que queremos, para aclarar la mente, para pensar mejor si necesitamos tomar una decisión, para descansar, para conocernos. Todos necesitamos de esa soledad en cierto momento, debemos normalizarla, porque es en esos momentos en que realmente nos escuchamos.