Ciudades de noche

“Las ciudades, como los gatos, se revelan en la noche”
Rupert Brooke

Cuando estaba en la Universidad las clases por lo general me tomaban de noche, el tráfico hacía mi casa era pesado, por lo que me quedaba esperando a que este se despejará, con esta costumbre le fui viendo ese lado especial a las calles de la ciudad durante la noche. En ocasiones me ganaba el mal genio de pasar más de 12 horas en clases y el saber que cuando llegará a casa me esperaba aún más por hacer, el agotamiento no se quedaba atrás, para evitar que este me venciera y llegar a casa sana y salva, le subía al volumen del radio y así me iba, entre el canto o más bien, el intento de canto. Poco a poco me fui percatando que en realidad esto me hacía sentir bien, así que se fue convirtiendo en un pequeño ritual personal que me hacía despojar un poco la carga. Y pues, a decir verdad, adopte el hábito de recorrer la ciudad de noche cuando siento que debo despejar la mente.

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Fotografía @takenbylis

Yo diría que las ciudades tienen cierta magia de noche, una magia que te hace sentir libre. Quién no tiene un recuerdo de una escapada en la desolada noche, un recorrido por las calles junto a los amigos después de una fiesta, un postre de madrugada en un local por cerrar, un paseo nocturno en esa ciudad a la cual fuiste de visita. Las calles solitarias con uno que otro auto, las luces de los edificios y de las calles que opacan el acostumbrado gris del concreto, los letreros neón y la avenida junto al mar. Es en este momento donde empiezas a descubrir la ciudad, en la calma de la cotidianidad, el bullicio en pausa, la música lejana de un bar,  las estrellas y la luna como acompañantes. Cualquier ciudad se ve imponente de noche, tan imponente que te hace sentir pequeño, tan pequeño como ese lugar que descubres a esas horas y que pasa desapercibido en el ajetreo del día y que te prometes luego ir a visitar. Las ciudades de noche se dejan descubrir y te hacen descubrirte, te regalan paz y libertad.

Todo empezó

Tanto en mis redes sociales, como acá, me envían preguntas sobre odontología, por lo que he decidido crear una nueva categoría dentro del Blog, para contar algunas historias e información sobre mi carrera profesional. Hoy les vengo a contar que me motivó a estudiar odontología. Les parecerá curioso, pero aunque no lo crean, mi decisión vino de una mala experiencia. De adolescente, tenía serios problemas con mis dientes, un apiñamiento severo que estaba afectando mi autoestima, así que mi madre decidió llevarme con un ortodoncista para que arreglará mis dientes. Lo primero que dijo fue que debía realizarme unas extracciones (sacar muelas) en la parte superior para poder arreglarlos. Yo estaba aterrada, nunca había pasado por una extracción, así que decidió que las haríamos una a una. Me fue bien con esas extracciones, pasaron los meses y vi grandes cambios, yo estaba feliz, estaba recuperando mi autoestima perdida. Luego de algunos meses, me dijo que tenía que realizar otras extracciones en la parte inferior para poder completar el tratamiento, como todo fue bien con las otras, decidí que me haría las inferiores a la vez.

Ese día, fui pensando que todo sería igual de fácil que las anteriores, así fue con la primera, pero cuando fue al segundo, todo se complicó. Por más que el doctor trataba de “aflojar” el diente, por alguna razón no podía, pasaron los minutos, llego una hora. Yo empecé a sentir dolor, él me ponía más y más anestesia, pero el dolor no se iba. Mi madre al verme alterada, le dijo que lo dejará hasta allí, pero el doctor me dio unos minutos y luego trato de continuar. El dolor no paraba, tratando de aplicar más fuerza para sacarlo, se le termino deslizando su mano haciendo una herida en la parte inferior de la encía, en ese momento mi madre se enojó y lo obligó a parar. Me tuvo que enviar con otro especialista al día siguiente para que se hiciera cargo.

Para no dejarlos asustados, aunque creo que ya lo hice… Al día siguiente fui con el especialista, sentía pánico, entre llorando al consultorio, él se tomo el tiempo para calmarme y me fue muy bien, en 10 minutos estaba resuelto el problema. Este Doctor que años después sería mi profesor, fue quien me encendió una primera chispa; su trato, la paciencia, la manera en que me explicó todo para que no sintiera temor, fue clave.

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El adiós…

Hoy me tropecé con este poema, me ha hecho pensar en que tal vez y es cierto, y el adiós no existe. Nos despedimos de personas, trabajos, situaciones y quién sabe que otras cosas más,  si bien es cierto, todo queda superado, pasamos la página con el tiempo, pero el recuerdo siempre quedará. 

 
En verdad os digo que el adiós no existe: 
 
Si se pronuncia entre dos seres
que nunca se encontraron,
es una palabra innecesaria.
 
Si se dice entre dos que fueron uno,
es una palabra sin sentido.
 
Porque en el mundo real del espíritu,
solo hay encuentros y nunca despedidas,
y porque el recuerdo del ser amado
crece en el alma con la distancia,
como el eco en las montañas del crepúsculo.
 
Khalil Gibran

No hacer nada esta bien

Ayer decidí que no haría nada y no hice nada, se sintió bien y hasta creo que lo necesitaba. Es que somos muchos los que estamos acostumbrados a una vida ajetreada. En mi caso, no recuerdo estar tanto tiempo en casa sin hacer nada. Desde el colegio, en las tardes estaba en alguna actividad. Luego, la Universidad, los horarios de 7 a 7, digamos que el sol nunca me pillaba en casa. De allí, comencé a trabajar. Y sí, sí he tenido vacaciones. Pero en ese tiempo tampoco es que me quede estática, siempre sale algún viaje, tiempo de paseo, de aprovecharla con familiares y amigos.

La verdad es que han sido tiempos extraños, con esto del confinamiento, a pesar que no dejé de trabajar, ya que seguí la atención por la parte pública, la atención privada si quedó en pausa, eso significaba llegar a medio día a casa. Pensé que me podría entretener con la maestría que pasó a virtual, pero después de unos días ya me percataba que no sería suficiente. Empecé a buscar otros cursos y pues que terminé inscrita en 3. Sí, dedique tiempo a la casa, a mis mascotas, a mi familia, a ver televisión y a leer, todo para mantenerme ocupada. Les cuento, sí que lo he logrado, a tal punto que me ha pegado un agotamiento como hace años no sentía.

Durante este tiempo pensé que podría dedicarme a escribir en el Blog, vaya sorpresa, por más que trataba, todo quedaba en dos líneas, así que deje de intentarlo. Es que nada forzado, puede tener buen resultado. Esta mañana, me he percatado, que a veces lo que necesitamos es parar, esa parada puede ser de horas o días, pero son necesarias para poder retomar nuestra vida, para inspirarnos, para desbloquear, para fluir.

Así que, esta bien tirarte en el sofá unos días, quedarte viendo T. V., no querer salir, preferir estar con tu gato, quedarte leyendo un libro. Levantarte y decir, hoy no haré nada esta permitido y que nadie nos juzgue por eso. Yo por lo pronto, me tomaré unos días de sofá.

Nueva normalidad

A medida que se van soltando algunas restricciones en varios países, cada día es más común escuchar el término “Nueva normalidad” y todas las implicaciones que conllevará.

Extrañaremos pequeños detalles del día a día, la barrera que trae el uso del cubre boca, los rostros se volverán un misterio, tendremos que imaginar las expresiones faciales, las sonrisas permanecerán a escondidas y muchos abrazos seguirán en pausa.

Hay muchas cosas que aún no tenemos la certeza del cómo serán, lo que si es cierto, es que la dinámica en muchas actividades cambiará, tendremos que aprender a convivir en la lejanía, compartir con un grupo de amigos no será igual. Algunos restaurantes empiezan a innovar para brindar el servicio a sus clientes, con limitaciones en el número que podrán recibir, en los trabajos la distancia entre compañeros será imperativa.

Otros piensan que la vida de antes no era la normal, tal vez por estar siempre encerrados en nuestros teléfonos, porque no compartíamos con nuestros seres queridos, porque muchos sentían el trabajo como una actividad impositiva y necesaria para subsistir, por el espacio que le robamos a la naturaleza y este tiempo nos lo ha recordado.

Nuestra libertad ha sido puesta a prueba por un enemigo invisible, este enemigo no se irá pronto, aún estamos aprendiendo de el, nos está dejando grandes lecciones que ojalá hagan cambiar nuestro rumbo y cuando todo mejore con esta nueva normalidad, hayamos aprendido a apreciar de la simplicidad, de la compañía y de la vida.